Viajar a Japón está más de moda que nunca entre los viajeros españoles. Y en la prefectura de Yamaguchi se recuerda y se admira a San Francisco Javier, el jesuita español que llegó a estas tierras hace casi 500 años para predicar y ejercer su tarea evangelizadora.

Cada 3 de noviembre se celebra en Yamaguchi el Día de España, y uno de sus actos más populares es el pasacalles que encabezan dos figuras de gigantes: San Francisco Javier y Yoshitaka Ouchi, el señor feudal que acogió como mecenas y hombre religioso al misionero navarro en 1549. Francisco de Jaso y Azpilicueta había llegado a las tierras niponas el 15 de agosto de aquel año tras levantar varias fundaciones en India y Molucas y tras su breve paso por Kyoto, acosado en aquel momento por las guerras, decidió quedarse en estas tierras del oeste de Japón, salpicadas de montañas y aguas termales. Seis meses permaneció el misionero en Yamaguchi, dirigiéndose siempre de pie al pueblo dos veces a diario desde un pozo en su afán predicador, y hoy no se sabe muy bien donde se hallaba este punto, pero cualquier visitante se sentirá aquí familiarizado con la vida del santo. Una iglesia, una estatua y un parque con su nombre lo confirman.

 

Foto Javier Carrión

 

La Iglesia de San Francisco Javier en Yamaguchi

La relación entre España y Yamaguchi es tan directa y sincera que, desde 1980, Navarra y esta prefectura nipona están hermanadas. Pamplona tiene su parque de Yamaguchi, de 85.000 metros cuadrados en una de las zonas modernas de la capital, y la ciudad nipona presume de su Iglesia de San Francisco Javier. Levantada en 1951 para conmemorar los 400 años de la visita del jesuita a Yamaguchi, a semejanza del castillo navarro de Javier, sufrió un incendio en 1991 que la redujo a cenizas, pero siete años después se alzó un nuevo templo de tejado piramidal donde asombran ahora su luminosidad y sus mármoles blancos.

 

 

El Padre español Luis Cangas, de 92 años, suele dar misa en esta iglesia, que cuenta en el subsuelo con un museo dedicado al santo en el que abunda una interesante iconografía sobre su viaje a Japón, casi el último de su vida pues Francisco Javier no logró alcanzar su sueño dorado de llegar a China y murió en 1552. En la exhibición se pueden admirar también una interesante colección de objetos de arte, mapas y una valiosa carta original con la firma auténtica del santo.

 

 

La pagoda más bella

La iglesia dedicada a Javier es católica y sólo el templo Rurikoji le gana en número de visitantes en Yamaguchi debido a su pagoda de cinco plantas, construida hace 600 años (1442). El edificio está considerado un “tesoro nacional” y es a juicio de los historiadores una de las tres pagodas más hermosas del país. Te maravillará, sobre todo, su ensamblaje sin ningún clavo, que ha permitido que el edificio haya resistido a todo tipo de guerras y seísmos. Algo increíble, como los excelentes fideos de té verde, los mejores de la prefectura, que puedes degustar en el restaurante Choshu-En, justo al lado del parque de la pagoda, junto a otras delicias gastronómicas que también puedes consumir como el fugu o pez globo, muy popular en esta zona.

 

 

Este es uno más de los interesantes atractivos turísticos que propone Yamaguchi, pero la oferta destaca por su variedad. En el norte de la prefectura, por ejemplo, encandila el color “caribeño” del mar junto al Gran Puente de Tsunoshima, de 1.780 metros cuadrados, construido en 2012. Se sitúa en una preciosa isla de playas de arena blanca, muy utilizada en spots publicitarios de coches de alta gama, donde es posible bañarse en verano y disfrutar del katamaran “a pedales”. Muy cerca, en Nagato, no sorprende menos el santuario sintoista Motonosumi Inari, con sus 122 arcos torii de color rojo que se elevan desde los acantilados del Mar de Japón, un mar muy peligroso durante el invierno, pero si prefieres algo más histórico y menos masificado no dudes en acercarte el Templo de Tokoji (1691) en Hagi. El cementerio donde reposan los restos de los jefes del clan Mori y sus leales samuráis desprende una energía especial y misteriosa, sobre todo cuando se pasea alrededor de sus 500 lámparas de piedra. Cada 15 de agosto se encienden todas las velas de este campo santo para recibir a los viejos espíritus.

 

 

Muñecas y sake

Tampoco te puedes marchar de Yamaguchi sin visitar los talleres de artesanía de objetos lacados como el que dirige Tomita Jinji desde hace 50 años en el Centro Cultural de las Tradiciones de la ciudad. Vajillas, bandejas, cuencos, jarrones y sobre todo las muñecas Ouchi, identificables por su forma esférica y sus capas de laca multicolor, son los productos más vendidos. Otra opción es visitar alguna destilería de sake, la bebida de arroz más consumida en Japón, como la de Asahi Shuzo en Iwakuni, o si se prefiere acudir a Simonisheki para vestirse y sentirse como un auténtico samurái del siglo XVI -con katana, teppou (rifle) y kabuto (casco).

 

Foto Javier Carrión

 

 

Visitar Yamaguchi: Información práctica

¿Cómo llegar? Lo más rápido, tomar un vuelo directo a Tokio y desde al aeropuerto de Haneda empalmar con otro vuelo doméstico a Yamaguchi Ube, de una hora y media.

¿Dónde dormir?En el Hotel Yuda Onsen Kamefuku – Yamaguchi-shi (Ryokan) para deleitarse con un tradicional baño japonés.

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