Pasear por Cazorla es tener mucho por hacer: mejor que el día esté aún por delante para disfrutar de la belleza encalada del pueblo con el fondo del verde mediterráneo que nos rodea.

Cazorla se agarra a la falda de la montaña y la tiñe de blanco casi hasta el Castillo de la Yedra, que corona el pueblo y completa una estampa que sin duda es de postal. El castillo es el testimonio aún en pie de una época siglos atrás en la que Cazorla estaba peligrosamente cerca de la frontera con el moro y se constituyó un Adelantamiento entregado al arzobispado de Toledo. La figura que vemos hoy proviene de entonces, los siglos XIII y XIV, aunque el origen sea anterior y, por lo tanto, árabe. Hoy en día, cuando ya hace mucho que pasaron por Cazorla los últimos ímpetus bélicos, el Castillo de la Yedra tienen en su interior un curioso Museo de Artes y Costumbres que vale la pena visitar. 

 

Cazorla, pueblo de frontera, villa de castillos
Panorámica de Cazorla. Fto Wikimedia

 

No podemos dejar de pasear, sin más, por las estrechas y hermosas calles de Cazorla, beber en la fuente de las Cadenas que ya tiene más de cuatro siglos y que se hizo en homenaje a Felipe II y sin ver la imponente Casa de las Cadenas. Como tampoco hay que perderse las ruinas de la Iglesia de Santa María, un gran templo de estilo renacentista y desgraciada historia que sólo nos ha llegado en unos retazos en los que se adivina su pasado esplendor y que tienen, eso sí, un aire romántico. Debajo de la iglesia está la bóveda del río Cerezuelo, construida en su día para poder edificar sobre ella el templo y que, curiosamente, ha sobrevivido al edifico para el que se creo. Ahora, unas pasarelas la hacen visitable para los turistas, que encontrarán en ella un lugar realmente curioso… y un refugio perfecto para el calor del verano.

 

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Iglesia de Santa María, Cazorla

 

Algo más apartado del pueblo pero a sólo un cuarto de hora en coche -pero con un tramo de subida que teneos que hacer a pie- está el segundo castillo de la villa: el de Salvatierra o de las Cinco Esquinas, tal y como es llamado por la peculiar forma de su torre. Vale la pena subir hasta allí aunque sólo sea por las vistas: la fortaleza se alzó a más de 1.100 metros sobre el cerro que domina Cazorla y buena parte de los valles de alrededor. Además se conservan la torre y algunos lienzos de las murallas.

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